Hoy hace una semana que te fuiste y yo aun no me lo creo. Te has ido. Tu marcha ha sido repentina, fulminante, inesperada. Estoy desolada. Abrázame. Quédate a mi lado.

Eras preciosa por dentro y por fuera… Una sonrisa traidora se cuela entre mis lágrimas: recuerdo los “piripis” contigo de nuestro ultimo viaje juntas. Fue a Sevilla, ciudad por la que tenías pasión y a la que le hiciste el más bonito homenaje cuando llamaste a tu hija Cayetana. La pequeña Cayetana… ¿Cómo le vamos a explicar lo maravillosa que era su madre?

Esto duele.

 

¿Volvemos a Sevilla? La Maestranza, la plaza de España, los paseos por Triana,  el hotel Alfonso, la Preysler, las risas,tu felicidad, la mía, nuestros chicos, nuestra última Semana Santa.

Lo tenías todo, Laurica. ¿Cómo se te ocurre irte tan pronto? ¿Qué vamos a hacer sin ti? Dímelo. Mi chica valiente, generosa, fuerte, animosa: podías con todo. No podía admirarte más. Cuánto hemos aprendido. Cuánto hemos compartido. Y te has ido… Mi pena se disipa entre los recuerdos de los momentos más bonitos vividos a tu lado, sellados con un último beso que pude darte mientras dormías. Un momento que la vida me ha regalado y que no olvidaré jamás. Entré en la habitación con tu chico. Gracias Javi por tu valentía y por la paz que ella siempre decía tú le dabas. Te adoraba, ¿verdad que lo sabes? Lo feliz que la hacías te convierte en admirable. Suerte de hombre bueno.
Amiga, no merecías menos.

Qué bonita la vida teniéndote cerca. Qué bonitos nuestros lazos, las hortensias, el color rosa, la playa, los viajes, nuestra alma peluquera. Qué orgullo compartir contigo la ilusión desmedida por nuestro trabajo, que de tanta pasión, a veces no nos parecía ni trabajo, y otras nos traía algún disgusto que solventábamos juntas. Arreglando el mundo. Qué locas y qué afortunadas.

 

Dímelo otra vez. ¿Por qué te has ido?

 

Mi vida se ha parado en seco. Cuánto miedo tengo, cuánta rabia, cuánta añoranza… ¿Por qué no pude ayudarte? Yo quería que te curaras…
Parece como si desde el cielo te llegara mi tristeza, y dulce me colocas un mechón rebelde tras la oreja. Me siento un poquito mejor.

Más recuerdos. Mi último cumpleaños lo pasé contigo. Cenamos en el patio de Borja y tú trajiste una tarta para que pudiera soplar las velas y pedir un deseo. Cierro los ojos fuerte y sonrío mientras una lágrima perdida alcanza la comisura de mis labios. Me estremezco. No voy a poder verte más. Abrázame de nuevo. No me sueltes.

No puedo creer que te hayas ido. Ahora estás en el cielo… Cuéntame lo guapa que es la Virgen y cómo está mamá. Seguro que las peinarás cada semana… Seguiremos haciendo la ofrenda del Pilar juntas, tú desde arriba, yo aquí abajo, pensándote y alzando tímida la mirada a nuestro cielo, para traerte de vuelta.

 

Has dejado tanto amor aquí… Es difícil aceptar que te has marchado teniéndolo todo. Javi. Cayetana. Tu mami. Tu abuela. Tu hermana. Tu familia. Tus amigos. Tu trabajo. Tu Borja. Tus hortensias. Tus lazos. Tu playa. Tu Sitges. Tu color rosa. Tu Sevilla. ¡Ay! Lloro y me pierdo en una espiral de dolor y confusión, entrando en un bucle desolador de recuerdos y nostalgia. Dios mío. Te has ido. El pasado 25 de agosto.

¿Te has dado cuenta? Te has ido en el Día del Peluquero, para mí será por siempre tu día: el día de Laura Arregui. No puede ser casualidad. Como nuestra preciosa lazada, logo común de nuestros salones. El mismo logo, los mismos gustos, la misma pasión por la peluquería. Sabiduría compartida. Competencia sana que se alimentaba de nuestras ganas de aprender y crecer juntas, y del amor y admiración que sentíamos la una por la otra. Gracias. Por enseñarme también eso.

Gracias por hacernos sentir a Raúl y a mí, parte de tu familia.

 

Mi niña, prométeme que vivirás en mis recuerdos.

A cambio yo prometo recordar siempre tu sonrisa, tu energía y tu cariño. Sé que estarás conmigo, caminando a mi lado, te sentiré cerca.

Siempre te querré.

 

Hasta siempre, mi amiga Laura.

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